Debates desde el feminismo en torno al proceso constituyente

Sara Porras Sánchez

 La premisa de la que parto en esta reflexión es la de la creencia de que en la actualidad ya estamos insertas en un proceso constituyente. Si tomamos como referencia la definición de Zavaleta “una articulación histórica entre fuerza y novedad, una forma de moldear un eje estatal, la relación entre estado y sociedad civil. Es como un momento en el que se articula el programa de una civilización o de una época, en la medida de que se trata de una articulación de base y superestructura, del tipo de vida interna y cultura, es decir, de valores y de sentidos con los cuales se ve y experimenta las formas productivas y relaciones sociales.” Entendemos como proceso constituyente la reconstrucción de las normas de convivencia de una sociedad en un momento histórico concreto. La generación, por tanto, de unas nuevas relaciones de producción – la reforma del 135, las dos contrareformas laborales, etc- , de unos nuevos dispositivos políticos de inclusión/exclusión. La redefinición, en este sentido, de la idea misma de democracia. En base a, de un lado la enunciación del nuevo sujeto universal a partir del cual se reconstruirá el nuevo sentido común, y de otro a toda la arquitectura económica, político y social que acompañan a ese sujeto.

El proceso constituyente no es una reforma constitucional, unas elecciones, una impugnación social del régimen, no es patrimonio de la izquierda, ni la derecha… el proceso constituyente es la pugna política de las diferentes fuerzas sociales existentes en una sociedad en un momento determinado que se enfrentan por la definición del marco político que ordenará nuestras vidas desde el punto de vista de horizonte de época. Esto es, no se disputa un programa de gobierno de una duración determinada, ni se opta por una fuerza política u otra: se rearticulan absolutamente todos los pactos de convivencia y de redistribución de la riqueza. Se disputa, como decía, la misma definición de democracia.

Es un proceso profundamente dialéctico en el que del choque entre las fuerzas políticas y sociales que disputan el campo político se irá determinando el resultado final, el nuevo pacto social. La complejidad del mismo hace que sea imposible adelantar cuál será el resultado, pues su mayor virtud es que se abren ante nosotras todas las posibilidades. Es como si estuviéramos dentro de una nube, hasta que no salgamos de ella no sabemos si habrá una gran tormenta o un sol radiante, pero ambas posibilidades están ahí en igualdad de condiciones. En momentos de ruptura como estos la tarea será ser capaces de definir las nuevas mayorías sociales de la época que está por venir, en palabras de Pasolini, se trata de ver si se impondrá la plaza o el palacio.

La importancia de este momento político es clave y desde este punto de vista es que debemos analizar los retos que tenemos por delante. El momento de la ruptura es éste y el resultado del mismo no se saldará con más o menos derechos, con mejores o peores condiciones materiales, el resultado será una nueva forma de entender el mundo, una recomposición del bloque dominante, un nuevo sentido común: un nuevo país.

La acumulación de crisis sufridas en el estado, es lo que provoca el escenario de ruptura, pero cada época, cada contexto, se dota de significantes concretos que serán los que permitan rearticular un nuevo discurso de pelea por la hegemonía. Sin duda en nuestro país lo que está en pugna es el significante democracia. La tarea es la definición del contenido de lo común, no es por tanto un proceso inmediato ni mucho menos evidente. Tengamos claro que la incorporación o la ausencia de contenidos en el común será determinante en la nueva etapa que comienza, son cambios por tanto perdurables en el tiempo.

En este contexto es indispensable que el feminismo forme parte de manera central de todos estos movimiento dialécticos, no podemos abandonar la disputa sólo a los conceptos que generen hegemonía clara, debemos de ser capaces de disputar los contenidos de los derechos, por lo tanto desvelar las relaciones de poder que han ordenado este sistema hoy en crisis. No existe una democracia neutra, nuestra democracia está atravesada por diversas relaciones de poder, entre ellas el género, si de lo que se trata de construir el buen vivir para todas y todos no pasemos por alto este debate.

 

La democracia capitalista se construye desde la División Sexual del Trabajo – a partir de ahora DST- No se trata de un además, está en la propia naturaleza del capitalismo, en la centralidad y el sostenimiento del modelo económico. Gracias a Federici y su Calibán y la Bruja hemos aprendido que el proceso de acumulación originaria va acompañado por fuertes procesos de violencia sobre grandes sectores sociales, y que ese proceso de acumulación originaria no fue sólo el expolio de los pueblos de América Latina, sino que también y sobre todo, fue la apropiación de un proceso de acumulación al infinito: la propia producción de fuerza trabajadora. La dominación del conjunto de la sociedad a través del control y el expolio del cuerpo de las mujeres fue, tal y como nos demuestra en el ensayo citado, indispensable para la construcción del capitalismo. El asesinato sistemático de cientos de miles de mujeres mediante la caza de brujas se convierte en un pilar fundamental del nuevo orden. El contrato sexual que atraviesa nuestras democracias garantiza la supervivencia del sistema. En un estudio realizado en nuestro país en el año 2010 a través de los datos extraídos de la encuesta de usos del tiempo muestra parte del peso específico de la DST en nuestra economía. Por ejemplo, sólo en España si trasladásemos a puestos de trabajo a jornada completa el trabajo que se hace de limpieza de hogares serían necesarios 10.000.000 de puestos de trabajo. No es un además, es la naturaleza misma del sistema.

La política sexual es indispensable en este momento histórico, es urgente que entendamos esto pues el feminismo es la única teoría social que puede contraponer estas relaciones de dominación, debe ser por tanto prioritario en la nueva construcción de país. Una democracia que continúe discriminando y ejerciendo violencia sobre más de la mitad de su población es un sistema enfermo y cualquier alternativa que surja debe poner en el centro el bien – estar del conjunto de la población. Las mujeres debemos ser parte de esa plaza que ha de imponerse, de ese nuevo sujeto que se conforme, insisto en la idea de que no se trata sólo de tener o no derechos y que luego eso pueda revertirse, se trata de ver quién será el sujeto a partir del cual definiremos las nuevas relaciones de producción y de dominación.

El destino manifiesto como madres y esposas son categorías económicas que no sólo nos sitúan de manera específica en el mercado laboral.- que por supuesto- a través del cual accedemos a unos u otros derechos, sino que estas categorías económicas son al mismo tiempo categorías políticas que materializan los contenidos de la democracia sobre nuestros cuerpos.

Hay dos fenómenos que deben explicarse desde esta perspectiva, desde la certeza de que la política sexual es un mecanismo indispensable en la aplicación de los planes de ajuste, esto es en el desarrollo del programa neoliberal. De un lado la violencia machista y de otro la lucha por el derecho a la interrupción del embarazo.

El aumento de la violencia machista es sin duda el ejemplo más encarnado y más dramático de la política sexual. No es únicamente el aumento de los feminicidios de manera exponencial, se trata de la pelea por el sentido común mismo – de valores y de sentidos con los cuales se ve y experimenta las formas productivas y relaciones sociales – de la violencia machista. El enfrentamiento a un entramado que, desde todos los ámbitos, justifica la existencia de esta violencia. La puesta en cuestión de manera sistemática a todas las mujeres a través de la mentira, convertida en mantra, de las denuncias falsas – Los datos demuestran que es el delito que menos denuncias falsas reporta. Mucho se ha escrito sobre esto en las últimas semanas a colación de los asesinatos y agresiones sexuales que han ocurrido este verano en nuestro país- , la reproducción constante de patrones de relación profundamente machistas con programas como “Mujeres, hombres y viceversa”, “Me cambio de familia”, “Ex ¿qué harías por tus hijos”, “Mujeres ricas”, etc… Convierte la parrilla televisiva en una de las más reaccionarias, fomentando modelos de relación violentos y basados en la posesión y dominación. Hace unos meses un estudio de la Universidad de Granada sobre los dibujos animados en nuestro país revelaba con preocupación que eran profundamente sexistas y que transmitían unos roles peligrosos en los que los personajes femeninos eran vistos, en la mayoría de los casos, como seres dependientes, inseguros y con tendencia a perder los nervios.

Hace unos días escribía junto a

Miguel

Lorente un artículo sobre la cultura machista de la impunidad señalando que las agresiones físicas son una manifestación de todo esto que está debajo, que lo permite y lo potencia, del “Cásate y sé sumisa” a las declaraciones de distintos responsables políticos. Mientras en la gran pantalla se revivifica la esposa obediente y entregada, ningún responsable político del gobierno ha salido a dar explicaciones por el aumento de asesinatos de mujeres.

En todas las crisis de magnitud estructural, nos recuerda Silvia Federici, hay un nuevo proceso de acumulación originaria, y la política sexual es la herramienta que permite la aplicación de distintos grados de violencia sobre todas las mujeres, pretendiendo perpetuar el contrato sexual, que es, como decíamos antes, un contrato también económico.

El ataque sobre nuestras vidas tiene su otro eje en el ataque contra la capacidad de las mujeres para decidir sobre su maternidad, esto es para decidir sobre la producción de nuevas y nuevos trabajadores. Al igual que pasara en África donde la aplicación de los PAEs fue acompañada de fuertes políticas de control de la natalidad, como también pasaría en América Latina, ahora la batalla es europea. Los países que tienen amenazado el derecho a la interrupción de los embarazos son los países del ajuste duro:

Grecia, vía privatización de la prestación del servicio, Italia mediante el repunte peligroso de la objeción de conciencia por parte de los profesionales que deben practicarla, Irlanda que tiene una de las leyes más restrictivas, España donde nos encontramos inmersas en una pelea directa por la paralización del proyecto de ley. Caso aparte merece Portugal, donde aun siendo uno de los llamados PIGS hasta ahora no está sufriendo este tipo de ataques.

Que en pleno siglo XXI las mujeres debamos seguir reivindicando nuestro derecho a decidir sobre nuestras propias vidas es un elemento más que suficiente como para entender la profundidad y las grandes implicaciones de esta disputa. Este debate condensa en sí mismo la posibilidad de un nuevo país, pues si, como decíamos antes lo que está en juego es la definición del sujeto de derechos de la nueva democracia, ¿cómo no va a ser central que más de la mitad de la población seamos considerados sujetos de pleno derecho?

Mantener el aborto dentro del código penal es toda una declaración de intenciones porque supone, en primer lugar dar por sentado que los cuerpos de las mujeres deben ser regulados por encima de su propio juicio, pues de partida las mujeres somos sospechosas de ser seres egoístas, carentes de razón que, en cualquier momento podemos tomar decisiones equivocadas, por lo que el estado debe controlar y limitar nuestra autonomía. En segundo lugar el capitalismo necesita controlar la producción de clase trabajadora, pues a través de ello no es dueño únicamente del cuerpo de las mujeres sino que domina a la totalidad de la población en su conjunto. Lo que permite la perpetuación de la familia nuclear como institución indispensable para el funcionamiento del modelo económico. En un momento de descomposición económica como la actual no hace falta escribir muchas líneas para explicar el papel fundamental de la familia, sostén principal y freno al aumento del malestar social. Reflexionemos sobre el aumento de hijas e hijos, la subida del precio de la vivienda, la generalización de la precariedad como “norma” en las relaciones laborales, la privatización de la sanidad, de la educación, la eliminación de la dependencia… reflexionemos sobre las condiciones materiales de las mayorías sociales, ¿qué tipo de sociedad es la que nos estamos imaginando?

Una última cuestión que cabe señalar aquí es que una de las crisis que tiene lugar en nuestro país es la crisis del modelo de cuidados, demostrando el agotamiento del sistema de producción mediante manifestaciones tan claras como la brecha salarial, lo que se conoce como “doble jornada”, la ausencia de mujeres en puestos de decisión, etc… Es decir el modelo económico basado en la explotación de las mujeres para la generación de bien- estar había entrado en crisis, y tenía como consecuencia directa un fuerte proceso de acumulación de fuerzas en torno a los movimientos feministas que se encontraban disputando – en muchos casos con éxito- el relato sobre el modelo económico. Así como el avance de muchas mujeres en puestos de decisión en todos los ámbitos lo que también favorecía a la ruptura con distintas estructuras de poder.

Empezaba estas líneas planteando que del enfrentamiento entre las distintas fuerzas políticas y sociales hoy en pugna se articulará un nuevo marco económico y político de relaciones de poder, nuevos dispositivos de exclusión/inclusión… en definitiva se trata de definir qué es lo común, quién será el sujeto de derechos y cómo vamos a relacionarnos en este nuevo país por venir. Desde este punto de vista planteaba que no se trata de acceder o no a unos derechos concretos sino de definir el horizonte de época que regirá nuestras vidas los siguientes años. La política sexual debe estar en esa agenda porque ya está en la agenda y no caben titubeos. La equidistancia siempre fue buena amiga del que oprime, es el momento de que nos hagamos la pregunta sobre si vamos a apostar por una democracia de todas y todos o el patriarcado no está dentro de nuestros enemigos a abatir. El planteamiento no es si el derecho a la interrupción voluntaria de los embarazos o la violencia machista construyen país: ya lo están construyendo, qué respuesta vamos a dar ante eso y con cuánta intensidad es lo que debemos responder.

Sara Porras Sánchez. Licenciada en Ciencias Políticas.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=189262&titular=debates-desde-el-feminismo-en-torno-al-proceso-constituyente-

 

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