Senos y prejuicios

Diana Moreno

Ayer, en las redes sociales, una noticia se difundió igual que el polen en la recién estrenada primavera: una tunecina apodada Amina, miembro del colectivo Femen, habría colgado en su cuenta de Facebook una fotografía con el torso desnudo y las palabras “mi cuerpo es mío” escritas en él; por el atrevimiento, una supuesta fatua (es decir, un pronunciamiento legal en el Islam) la condenaba a recibir diez latigazos y, posteriormente, a morir lapidada.

Antes de lo que da tiempo a contrastar esta espantosa información, que es creíble porque recuerda a muchas otras (ubicadas en países que no son Túnez pero que, para ser sinceros, podemos llegar a confundir con Túnez) las redes sociales se inundaron de comentarios, de alaridos contra el extremismo, de defensas feministas y de firmas para detener aquel horror. Ningún problema si los datos se distorsionaban un poco: de 10 a 100 latigazos, y cosas así. Esto sucede siempre que cualquier locura se publica en un soporte con credibilidad: muchos medios (Terra, el Heraldo, InfoNews…) se apresuraron a publicar la noticia sin ponerla en duda en lo más mínimo. Los ciudadanos se encargaron de difundirla. Lo sé, todos queremos ser periodistas cuando la noticia permite un posicionamiento tan fácil… pero el periodista, además de repetir, debe asegurarse de que lo que repite es cierto. Digo yo.

Al final, aparentemente, la noticia era falsa, o, al menos, fue mal contada. La realidad es también espantosa, no lo niego: lo que ha sucedido es que un mediático predicador tunecino, Almi Adel, ha dicho que la osadía del topless de nuestra heroína merece la flagelación e incluso la lapidación. Él lo ha negado, asegurando que sólo opinó que la chica necesita tratamiento psicológico por la descamisetada facebookera. En todo caso, dijera lo que le viniera en gana decir, sus palabras no tienen legalidad de fatua. Se oye que la joven podría enfrentarse a cárcel y multa por “atentado al pudor”… pero, afortunadamente, no hay condena a lapidación como dicen los medios (entre otras cosas porque no existe la pena de muerte en Túnez).

Dejando de lado las ganas de la gente de escandalizarse por cosas de fuera de nuestras fronteras ideológicas, y también dando por hecho lo terrible que es que existan mentalidades como la del predicador tunecino de marras o por que la activista pueda enfrentarse a la cárcel, ha sucedido algo bastante curioso: en la cruzada universal por difundir la falsa muestra de intolerancia islamista hacia la mujer se ha reproducido, en medios de todo el planeta, la foto de la joven desnuda… y, en muchas ocasiones, la imagen se ha publicado con ciertas partes amamantadoras de su cuerpo cínicamentecensuradas, emborronadas, pixeladas… lo cual resulta un poco chocante viniendo de esos medios que, de palabra, repudian a los repudiadotes del cuerpo humano. Allí, los hombres intentan aplastar a las mujeres que actúan de forma diferente a la establecida; aquí proclamamos que el cuerpo femenino es hermoso pero censuramos sus pezones en los medios. Da la sensación de que allí están los misóginos orgullosos y aquí, los acomplejados. El Twitter (donde ya parece que la gente se va dando cuenta de la confusión) leo: “un idiota lanza una soflama y otros idiotas claman no contra el idiota, sino contra la cultura entera”. Pues eso.

Fuente: http://blogs.tercerainformacion.es/vuelvetortillas/2013/03/22/senos-y-prejuicios/

 

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