La crisis fuerza a mujeres maltratadas a regresar con su agresor y eleva su dependencia económica

Ana Ibarra

El 23% de usuarias del centro de urgencias volvió con su pareja en 2011, frente al 18% en 2002. Del ciclo de la violencia -tensión, agresión y luna de miel- el peligro mayor se produce cuando él pide perdón y ella le cree.

Pamplona. El 23% de las 82 mujeres víctimas de maltrato que pasaron por el centro de urgencias del Gobierno foral el año pasado volvieron con su agresor, un dato alarmante si se tiene en cuenta que hace diez años el porcentaje era menor, del 18%. ¿Qué está ocurriendo? Para empezar, hay que aclarar que este recurso va dirigido principalmente a aquellos casos donde se valora que peligra la integridad física de la mujer. De hecho, el 69% de las que abandonaron su vivienda en busca de un espacio de protección ya había interpuesto una denuncia, según la memoria de 2011, y el 47% consiguió una orden de alejamiento. El perfil se corresponde con el de mujer de 32 años con menor a su cargo, y al menos la mitad sin ingresos propios.

Tal y como reconoce Arancha Munárriz, de la Oficina de Atención a las Víctimas del Delito, dependiente del departamento de Justicia Social del Gobierno foral, el número de mujeres que acuden a la casa de acogida es muy pequeño, por lo que “valoración del dato es muy sesgada y exclusivamente de las que ingresa”. Además, coincide que es la que tiene “más dificultades personales, con hijos y con menos apoyos sociales”. “Las dificultades para salir adelante son tan grandes que, en muchas ocasiones, vuelven con el agresor”, señala.

En un estudio de investigación realizado por la UPNA con datos de 2008 se constataba que el 14% de las mujeres que acudían al centro de urgencias volvían con el maltratador, un 17% compartían piso, otro 27% regresaba al domicilio familiar previa salida del agresor o bien al hogar de la familia extensa 26%. Y un 7% pasaron a la Casa de Acogida. El “rol de madres y cuidadoras” que se ha transmitido de generación en generación forma parte de la “construcción de la propia identidad” y, en el caso de las mujeres que sufren maltrato, se convierte a menudo en “un callejón sin salida” ya que priorizan las necesidades de los otros “de manera sistemática, perdiendo el espacio propio”, refleja el estudio que coordina Blanca Fernández del departamento de Trabajo Social. De este rol se detectan dos consecuencias “esenciales”: la primera la situación de “sobrecarga” en las tareas de los cuidados familiares” y el tema de los menores, ya que suele darse un fuerte “chantaje emocional” por parte del agresor, y la exigencia externa de que “se recupere para atender a los menores”.

más órdenes de protección Para Ana Carmen Senosiáin, del Instituto Navarro para la Igualdad y Familia, esta tendencia a volver al hogar donde se ha sufrido la violencia no es exclusiva de las usuarias del centro de urgencias, ya que “se carece de datos del resto de víctimas”. Lo cierto es que sí hay estudios que relacionan la crisis con la vuelta de las mujeres con el agresor. La falta de horizonte ya no sólo de autonomía personal, de libertad, sino de autonomía económica, hace que, en muchos casos las mujeres vuelvan con su pareja o que no se separen. La crisis lo que hace es “agravar la dependencia económica, y limita las posibilidades de romper y empezar una vida autónoma”. Y al haber muy pocas posibilidades de encontrar un trabajo hace que la mujer maltratada “aguante más”.

A juicio del INAIF, la violencia machista no ha aumentado en los últimos, aunque haya crecido el número de denuncias. Lo que ocurre es que la aplicación de la ley orgánica de 2004 ha supuesto un aumento de las órdenes de protección, y una mayor formación del personal policial y judicial, lo que ha posibilitado que afloren nuevos casos. Para entender el proceso psicológico que vive una mujer dentro del ciclo de la violencia hay que conocer las tres fases: una de acumulación de tensión, otra de explosión (agresión) y lo que se denomina luna de miel. En esa última fase es cuando él pide perdón, dice que no se va a volver a repetir, y ella está “bastante devastada sin ver salida y tiende a creerle”. Ese momento de la luna de miel es, señala, “el que sostiene las relaciones de violencia. Si la mujer es capaz a partir de ahí de no creer da igual lo que haya aguantado porque está en posición de salir”. No siempre es así, porque ese ciclo se repite y hay un momento, sobre todo en la fase de tensión, en que ella cree que “controla” la reacción del agresor. Piensa que, según lo que haga, el reaccionará en un sentido o en otro, que tiene el control “y no es verdad”, el agresor “no explota siempre por la misma razón”. El verdadero problema es ése, que la víctima no lo ve como agresor: “Unas veces se echan a la culpa a ellas, creyendo que van a manejar la situación, y otras a factores externos, es que cuando bebe… cuando le calientan la cabeza… Cuando ves que la responsabilidad es sólo suya es cuando abres los ojos y te das cuenta de que estás viviendo una relación de violencia. Si no, no”.

 

psicológica y física En relación al aumento de los casos de denuncias por violencia física, reconoce que ésta “no puede existir sin la psicológica”. “Nadie agrede físicamente a otra persona sobre la que no ha ejercido ya un maltrato en su estima. Ojalá fuera así, porque ninguna mujer aguantaría un tortazo; cuando lo aguanta es porque ya está devastada emocionalmente, con un shock postraumático”, alertan. ¿Qué es lo que garantiza una denuncia?: “Puedes tener una ayuda de emergencia, una orden de protección y un piso de acogida, pero al denunciar tienes que empezar todo un proceso de vida sola, a veces con criaturas, lo que es difícil. Tienen un apoyo pero que tienen que empezar una vida autónoma, la dependencia que tenían del agresor no la pueden coger ahora de la institución”. Por otro lado, hay nuevos mensajes sociales que hablan de la vuelta de la mujer al espacio privado aprovechando la crisis… De hecho, el discurso de una víctima, hasta que no se encuentre empoderada, es “absolutamente patriarcal, tendré la culpa, me voy a intentar adaptar, le voy a perdonar… echando la responsabilidad de lo que hace en otras cosas, es que está el trabajo muy mal… Y si la sociedad le devuelve el mensaje que le corrobora en eso… en cuanto a roles, a mandatos que tiene por ser mujer, volveremos para atrás”, indica. En este contexto incidir en la prevención es clave, sobre todo entre adolescentes, que “se den cuenta que si la pareja te llama ochenta veces al móvil para saber donde estás, no confundan amor con control”.

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