“La paridad no es suficiente en los gobiernos, hacen falta compromisos reales por la igualdad de oportunidades”

Carmen Bravo Sueskun, sindicalista
La sindicalista Carmen Bravo Sueskun ha investigado para su tesis doctoral el papel desarrollado por la mujer en Navarra entre los años 1961 y 1991, su contribución a los movimientos sociales y su participación y representación en el ámbito laboral y político.

Pamplona. Fueron años de cambios, en los que los hombres ocuparon mayoritariamente los puestos de poder y las reivindicaciones femeninas fueron in crescendo. Treinta años en los que la mujer pasó de la domesticidad a la emancipación como reza el título de la tesis de Bravo. La autora de este estudio desgrana algunos de los aspectos que abarca su investigación.

¿Cuáles han sido los cambios más significativos en lo que se refiere a la implicación femenina en las instituciones de 1961 a 1991?

Los cambios más reseñables son los relacionados con el nivel de ocupación del espacio público que hoy es absolutamente normal, y que en el año 91, tras las elecciones, también se vio como algo claro. Es significativo el ámbito de la educación, donde la presencia femenina es más que notable. Por contra, donde más resistencia se ha presentado siempre a la representación femenina es en el ámbito político y en el laboral.

¿Faltó un empuje a la presencia femenina en la política?

En esas tres décadas el avance ha sido muy importante en todos los ámbitos pero, sin embargo, persisten las resistencias en la participación política y en la igualdad de oportunidades en el ámbito laboral.

¿Qué aporta la presencia femenina en las instituciones?

La presencia femenina en las instituciones demuestra un aspecto democrático, porque la sociedad está formada por hombres y mujeres al 50% y las instituciones debieran de tener el mismo papel. Es una cuestión de participación democrática. Sin embargo, sí que es verdad que no es suficiente con que la mujer esté presente en las instituciones sino que tengan una actitud política en defensa de la igualdad, tanto en derechos como en igualdad de oportunidades al acceso de los espacios de poder. No es suficiente con tener gobiernos paritarios, es importante que los programas políticos tengan contenidos para avanzar en la igualdad de oportunidades.

Parece que desde que concluyó el periodo que aborda su tesis, al menos, se está caminando en buen sentido hacia la paridad…

Sí, es de reconocer el gran impulso legislativo que ha hecho el Partido Socialista en materia de igualdad pero también es cierto que las leyes en sí mismas no cambian unos estereotipos tan arraigados desde el punto de vista del sexo en la propia sociedad. Es necesario que la sociedad se movilice para cambiar esos estereotipos para seguir avanzando. Las leyes son importantes, pero también la movilización social. En este sentido, creo que todos los niveles formativos debieran dar un impulso a ese reconocimiento de la mujer.

¿Cuál ha sido el periodo en el que más ha tocado pelear?

Hubo que luchar especialmente en los primeros años de desarrollo legislativo después de la Constitución de 1978. Aquellos años fueron quizá los más duros para aquellas mujeres que llevábamos mucho tiempo defendiendo la igualdad entre hombres y mujeres. Se peleó mucho para que la Constitución obligara a remover los obstáculos que impiden esa igualdad. Las mujeres comprometidas políticamente vimos que se iban reconociendo derechos importantes pero también hicimos muchas demandas sobre las que la Constitución no se situaba correctamente y que se irían corrigiendo a través de leyes. Aquellos años fueron muy duros en tema de divorcio y de empleo.

¿Qué significa junio de 1979 para el movimiento feminista de Navarra?

En junio de 1979 hubo un encierro en el ayuntamiento en protesta por la muerte de una mujer por aborto y en demanda de los centros de orientación familiar y educación sexual. A partir de este encierro consiguen que en Navarra se haga un centro de atención a la mujer y de orientación sexual público. Ese fue un salto cualitativo en la atención a la mujer en materia de reproducción y en educación sexual, algo que se sigue manteniendo y que es tan importante. Fue una gran conquista.

Los centros de orientación sexual se han convertido en centros de atención a la mujer a secas, ¿se desvirtúa la esencia de estos centros al llevarse todo al terreno puramente sanitario?

Sí que ha ido todo tomando un carácter sanitario. Pero el problema no es ese, el problema está en el abandono de la educación sexual y reproductiva en los institutos y en la educación secundaria, donde hay chicos y chicas conviviendo, en un momento muy importante de su vida en el que habría que reforzar la educación.

Uno de los principales problemas a los que se enfrentan las mujeres de hoy en día es la violencia machista, ¿cree que se le da la importancia que merece desde el ámbito político para solucionarlo?

No, porque la gran preocupación política en estos momentos del fragor preelectoral está en si ETA va a dejar las armas o no, que es muy importante, pero no preocupa a la clase política la violencia contra las mujeres y esto hay que cambiarlo. Por otra parte, la sociedad tampoco se rasga las vestiduras con este tema y la sociedad no se mueve más porque haya más víctimas. Este es un problema social y para solucionarlo es necesaria la implicación de todos los agentes.

¿Pueden estar satisfechas las mujeres con su grado de implicación en el mundo institucional actual?

La sociedad sigue demandando la necesidad de tener instituciones de igualdad. Es positivo que las instituciones alcancen la paridad, pero, como decía antes, es necesario que el Gobierno de hombres y mujeres tenga detrás el compromiso y la decisión programática y política de que se van a realizar por ejemplo políticas públicas en favor de la igualdad en el empleo, de la igualdad salarial y la obligatoriedad de que los consejos y direcciones de las universidades sean compartidas.

¿Hay algún espejo en el que mirar en este sentido?

Ya tenemos países en los que mirarnos en Europa, como los países nórdicos, y estamos viendo precisamente hoy que esos países no están sufriendo de la misma manera los efectos de la crisis económica internacional. Si los órganos de poder fueran paritarios en la gestión del poder, no habría los comportamientos ni la mala gestión que se está produciendo en los últimos años tanto a nivel económico, como político y cultural. Las mujeres tenemos otra manera de gobernar, somos más transparentes, utilizamos mucho mejor el tiempo y en la ocupación del espacio tenemos un talante mucho más democrático.

Fuente: http://www.diariodenoticias.es

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