Mujeres cubanas de hoy y mañana

Mayte María Jiménez | Juventud Rebelde

Las cubanas representan hoy el 66 por ciento de la fuerza técnica y profesional del país, el 47,3 por ciento de los trabajadores del sector estatal.

Para quienes nacimos y crecimos en una sociedad que no es perfecta, pero que sí ha abogado por el respeto a los derechos de las mujeres, guiados por el sueño de la igualdad de géneros, a veces resulta difícil reconocer cuánto tenemos.

Ser parte de un país en el que hombres y mujeres pueden emplearse en todos los trabajos, ser dirigentes, elegir sus representantes, materializar sus aspiraciones laborales desde el esfuerzo propio del estudio y la superación profesional, aun cuando puedan existir imperfecciones, es una realidad que no todas las naciones pueden proclamar.

Las cubanas representan hoy el 66 por ciento de la fuerza técnica y profesional del país, el 47,3 por ciento de los trabajadores del sector estatal. Si bien estos indicadores son mejorables, desde que surgió la Federación de Mujeres Cubanas, hace 51 años, muchos han sido los logros del proyecto social que se propuso.

Justamente un 23 de agosto, junto al Comandante en Jefe Fidel Castro, nace esta agrupación que asumió el reto de hacer una Revolución dentro de la Revolución que se gestaba desde 1959, con la meta de dar al traste con las concepciones de una sociedad machista a todos los niveles.

La tarea no ha sido sencilla. Aunque la Revolución había sido fruto también del trabajo de muchas mujeres, aún persistían prejuicios y leyes que limitaban el desempeño social de las féminas.

Los objetivos propuestos eran numerosos y, sobre todo, ambiciosos, tanto que para algunos parecían lejanos o imposibles. Sin embargo, la FMC surgió en el momento preciso, de la mano de la sensibilidad de la heroína de la Sierra Maestra y la clandestinidad, Vilma Espín, guiada por Fidel.

Se trataba de unificar todos los sectores femeninos, construir una fuerza sólida, integrada por amas de casa, trabajadoras manuales e intelectuales, campesinas y estudiantes, capaces de vencer prejuicios y de crear las condiciones que posibilitaran escalar a planos superiores.

A partir del propio 1959 había comenzado  la liberación de la mujer y su incorporación a la vida económica del país. Uno de los primeros ejemplos fue la creación del Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda, para cuya presidencia fue nombrada Pastorita Núñez González.

Para 1961, cuando se realizó la Campaña de Alfabetización, y Cuba se proclamó territorio libre de analfabetismo, fueron creados también los primeros círculos infantiles, para favorecer la incorporación de la mujer a la vida laboral.

Se desarrollaron programas para su orientación, que las ayudaron a combatir viejos males como la prostitución, la marginalidad, los problemas familiares, la violencia sexual y de género, entre otros.

De la mano del proceso revolucionario las féminas se han ganado su puesto. Y como mismo apoyaron en aquel momento, ya hoy son parte de las transformaciones que vive el país, y junto a todos enfrentan las dificultades de un período económicamente complejo.

Según cifras del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, al finalizar el primer semestre de 2011, más de 69 000 mujeres ya ejercían el trabajo por cuenta propia tras su ampliación en octubre pasado.

En el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba se elevó al 41,7 por ciento la representación femenina en el Comité Central.

La Oficina Nacional de Estadísticas describe que al cierre de 2010, en Cuba la población femenina era de 5 612 165. De ellas, unas 3 226 387 mujeres en edad laboral, la mayor parte de entre 40 y 44 años, seguidas por las de 45 a 49 años.

Los indicadores alertan sobre el proceso de envejecimiento poblacional, unido a una tasa de natalidad y fecundidad que tampoco es muy alentadora.

Ante esta realidad, estamos conscientes de que el presente y el futuro no serán fáciles. Las dificultades económicas que vive el país atentan muchas veces contra las motivaciones de las más jóvenes para tener una familia; de ahí la necesidad de lograr un pensamiento que conecte los intereses personales con el bien de la nación.

Mas el país confía en ellas, de la misma manera que ellas, tanto las generaciones pasadas como las venideras, han estado acompañando el sueño de una sociedad mejor, junto a la Revolución, pues, como dijera José Martí, la mujer, de instinto, divisa la verdad, y la precede.

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