¡Sí se puede acabar con el hambre y la pobreza!

Amparo Peris

El dominio imperialista sólo ofrece miseria y hambrunas. Pero el desarrollo independiente del Tercer Mundo nos ofrece la solución al problema.

Once millones de personas se están muriendo de hambre en el Cuerno de África. Una tragedia cuyo origen se encuentra a miles de kilómetros de distancia, en la capital de la superpotencia mundial. No son desastres naturales ni malas cosechas, sino la cruel combinación entre las agresiones militares imperialistas y el beneficio de los grandes capitales que se nutren del comercio alimentario. Al otro lado, China y Brasil encabezan las estadísticas de reducción de la pobreza y el hambre en el mundo. El dominio imperialista sólo ofrece miseria y hambrunas. Pero el desarrollo independiente del Tercer Mundo nos ofrece la solución al problema.

Grito hacia Washington

Once millones de personas se están muriendo de hambre en el Cuerno de África. Una tragedia cuyo origen se encuentra a miles de kilómetros de distancia, en la capital de la superpotencia mundial.

No son desastres naturales ni malas cosechas, sino la cruel combinación entre las agresiones militares imperialistas y el beneficio de los grandes capitales que se nutren del comercio alimentario.
Esta es la verdad que los medios de masas esconden tras las terribles informaciones sobre la crisis humanitaria en Somalia.

La ONU declaró el pasado mes de Junio el estado de hambruna en dos regiones de Somalia, el drama afecta a casi la mitad de la población, 3,7 millones de personas. En el sur del país, el 30% de los niños sufre malnutrición aguda y cada día mueren seis de cada 10.000 niños menores de 5 años. Pero no es sólo Somalia, 11 millones de personas padecen una situación crítica en el Cuerno de África; el infierno se extiende por Kenia, Etiopía, Yibuti y Uganda.

“Porque ya no hay quien reparta el pan ni el vino, (…)
No hay más que un millón de herreros
forjando cadenas para los niños que han de venir”.
(Grito hacia Roma. Federico García Lorca)

Es casi seguro, que Federico García Lorca dirigiría hoy su grito hacia Washington.

“Siempre que EEUU incrementa sus intervenciones militares en Somalia, ocurre el desastre”. Con esta rotundidad analizaba un colaborador de Black Agenda Report el origen de la hambruna.

Washington ha concentrado sus acciones militares sobre el continente en el Cuerno de África, una región clave ya que supone la conexión con Asia. Desde el litoral somalí se controla el acceso meridional al Mar Rojo, por donde transita el 40% del petróleo que circula por el mundo. En Yibuti está el cuartel general del Mando de EEUU para África (AFRICOM), y Somalia, Kenia y Etiopía son uno de los principales focos de acción de las Fuerzas Especiales norteamericanas.

El actual drama que padece el pueblo somalí ha estado directamente provocado por una sucesión de acciones norteamericanas dirigidas a fortalecer la ofensiva militar contra una milicia integrista, considerada la sección local de Al Qaeda y que controla el sur de Somalia.

En Febrero de este año, funcionarios de la ONU acusaron a EEUU de retener la ayuda humanitaria, utilizando los alimentos como arma de guerra contra la milicia integrista. Ha cerrado la región incluso a la Cruz Roja, y ha armado a otras milicias, haciendo imposible la producción agrícola.

Con el objetivo de controlar una de las zonas más estratégicas del planeta, Washington ha establecido una fuerza de choque de los marines para la región, incrementado las incursiones en el sur de Somalia de los “drones” -aviones sin tripulación-, y aumentando en 45 millones de dólares la partida para los soldados ugandeses y burundeses, la fuerza de choque que mantiene al actual gobierno somalí.

No es la primera vez que la intervención militar de la superpotencia provoca una tragedia humanitaria en Somalia. Sus sucesivos ataques han sembrado el país de guerras y conflictos ininterrumpidos durante los últimos veinte años.
Este es el auténtico origen de la hambruna que asola el Cuerno de África y se cobra la vida de miles de personas cada día.

Los alimentos de primera necesidad alcanzan precios récord:
Negociando con la muerte

Los precios de los alimentos básicos se han disparado en Somalia. El sorgo, principal cereal de la dieta local, cuesta hoy un 240% más que hace un año, y lo mismo sucede con el maíz, que está un 150% más caro. Hace un año, un granjero somalí podía comprar con una cabra 300 kilos de grano, ahora, sólo le sirve para conseguir 50.

En el último año la producción ha subido un 3,3% y el consumo sólo un 1,4%; sin embargo, el precio de los cereales escaló un 80%.

¿Por qué se ha disparado entonces el precio de los alimentos?

La solución, como en los crímenes, hay que buscarla en el beneficiario; en el gran capital norteamericano que ha encontrado en el comercio de los alimentos un lugar seguro y muy rentable.

En contra de lo que podría pensarse, el precio de los alimentos no se fija en los países productores, sino en las principales Bolsas mundiales, allí es donde se trafica con las cosechas. En la más importante, la Chicago Board of Trade, se fijan los precios del trigo, maíz, azúcar o sorgo.

A través de los “contratos de futuro”, grandes bancos y fondos de inversión se hacen, por adelantado, con los derechos de las cosechas que van a producirse y pueden manipular los precios.

En la citada bolsa de Chicago, un solo fondo de inversión adquirió el 15% de la producción mundial de cacao del próximo año, para después revenderla a un precio mayor. Así ocurre con cada uno de los alimentos básicos; sobre ellos se ha levantado una gigantesca ingeniería financiera que, al ritmo que sube sus precios, extiende las hambrunas y multiplica los beneficios de los grandes capitales, especialmente el norteamericano.

Grandes bancos de EEUU como Goldman Sachs o Morgan Stanley, junto al británico Barclays, encabezan la lista de los que más dinero han ganado jugando con el precio de los alimentos. Sólo Goldman Sachs ganó con esta práctica, más de 1.100 millones de euros en 2009. Así, el montante de los fondos de inversión alimentarios se ha multiplicado por 20 en sólo 5 años, pasando de 13.000 millones de dólares en 2.003 a 260.000 millones en 2.008.

La afluencia de capitales a este negocio está provocando que los alimentos de primera necesidad, alcancen precios récord, tal y como advierte la FAO, la Organización para la Agricultura y la Alimentación de la ONU. De conjunto, se han encarecido en un solo año un 40%. Pero muchos productos básicos lo han sobrepasado: el trigo es un 80% más caro que hace un año, el maíz un 74%, azúcar, aceites y grasas han duplicado su precio.

Las consecuencias: aumento en 44 millones al año del número de personas que sufren daños permanentes provocados por la malnutrición y previsiones de entre 200.000 y 400.000 muertes infantiles más cada año hasta 2015. Son entre 1,4 y 2,8 millones de niños asesinados para que Goldman Sachs o Morgan Stanley sigan amasando multimillonarios beneficios con el tráfico mundial de alimentos.
Como gritó Federico:
“El hombre que desprecia la paloma debía hablar,
debía gritar desnudo entre las columnas,
y ponerse una inyección para adquirir la lepra
y llorar un llanto tan terrible
que disolviera sus anillos y sus teléfonos de diamante”.

Las potencias emergentes encabezan la lucha contra el hambre.
En el lado opuesto
Según los informes de la ONU y ONGs, Brasil y China encabezan la reducción de hambre en el mundo. China alcanzará su meta cinco años antes de lo previsto y ha limitado ya a un 9% el porcentaje de la población mal nutrida. En Brasil, más de 20 millones de personas han superado la barrera de la pobreza en los últimos 8 años, y ésta disminuye a un acelerado ritmo del 10% anual; en 2016 estará prácticamente eliminada.

Su éxito radica en la voluntad de sus gobiernos, llevando adelante una política dirigida a impulsar el crecimiento económico, aumentar las ayudas sociales y mejorar las condiciones de vida de sus pueblos: empleo, aumentos salariales, sanidad, educación, …


Ha sido esa firme voluntad política la que les ha llevado a alcanzar cotas de independencia y soberanía -que en el caso chino son completas- y a tomar un camino totalmente opuesto al que las políticas dictadas por el FMI imponen en países como el nuestro. Un camino que sigue la ecuación de A más independencia y autonomía frente a la intervención de las potencias imperialistas, más crecimiento y más distribución de la riqueza”.

Este es el camino para reducir el hambre en el mundo. Enfrentarse al dominio imperialista, conquistar autonomía para poder eludir el saqueo global que imponen, y dedicar los recursos propios al desarrollo nacional y a elevar el nivel de vida de la población.

“porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra
que da sus frutos para todos”.

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