En defensa de las personas migrantes y refugiadas que llegan a la Unión Europea

Secretaría de Migraciones del PCE

 Los levantamientos populares y conflictos en el norte de África y Oriente próximo están generando, además de una nueva realidad política en la región, el desplazamiento forzado de millares de personas, consecuencia de la represión, los conflictos armados y el deterioro de la situación económica (recordemos que en el Mediterráneo se encuentra la frontera norte-sur con una mayor desigualdad en los niveles de renta, a consecuencia del modelo depredador dominante y el expolio de las oligarquías en el poder). Túnez ha acogido desde el comienzo de la crisis de Libia a más de 200.000 personas, consecuencia de la guerra y la injusta intervención militar que está generando aún más sufrimiento en la población; es especialmente grave la situación de aquellas personas que se encontraban allí refugiadas por los acuerdos de los gobiernos italiano y libio, apoyado por la UE, una expresión más de las políticas de externalización de fronteras en el norte de África.

La UE recibió en 2010 a 257.800 solicitantes de asilo y sólo concedió protección a 55.095 de ellas, una cifra insignificante si se tiene en cuenta los datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, que contabiliza 43 millones de personas necesitadas de protección en el mundo, el 85% acogidos por las países empobrecidos por el capitalismo. Es un sarcasmo cruel hablar de crisis migratoria en la UE por la llegada de 30.000 personas a sus costas, cuando más de seis millones de refugiados palestinos llevan más de 60 años en muy difíciles condiciones en Jordania, Siria, Líbano, Egipto…

La propuesta de modificar el tratado de Schengen formulado por los presidentes de Francia e Italia, más allá del histrionismo de sus personajes, es la consecuencia lógica de la deriva política de la UE en materia migratoria y de derechos; las migraciones se utilizan como una excusa para recortes de libertades que afectan al conjunto de la ciudadanía, apostándose por una Europa fortaleza insensible a lo que ocurra fuera de sus fronteras y cada vez más represiva en su interior. La amenaza del avance de la extrema derecha, una vez más, se ha utilizado de la peor de las formas; en vez de combatir las posiciones xenófobas y racistas, los gobiernos se apropian de su programa, lo que en vez de debilitarlas supondrá un poderoso acicate a los grupos fascistas que con una u otra presentación cobran mayor presencia en el conjunto de la UE.

El PCE rechaza las propuestas formuladas por los presidentes Sarkozy y Berlusconi, y reclama que la UE y España asuman su compromiso con las personas refugiadas y desplazadas, activando mecanismos existentes en la normativa vigente como el del reasentamiento (atender los programas acogida que realiza el ACNUR) o la protección temporal (distribución urgente en casos de afluencia masiva por los países de la UE). En vez de fomentar la confusión, la xenofobia y el avance de los extremismos de derecha, la UE y España deberían apostar por combatir las causas que generan los desplazamientos forzados, es decir, un modelo económico injusto que empobrece a la mayoría de la población, las guerras imperialistas que no generan más que sufrimiento a la población civil y el apoyo a dictaduras a cambio de su colaboración económica o en materia migratoria.

27 de abril de 2011

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