La II República: mirada desde la igualdad

Tere Sáez, Técnica de Igualdad

“YA no se puede su aroma cortar… porque los pétalos besaron el viento. Ya no se puede su lucha olvidar… porque sus nombres recorren el tiempo” (Pétalos. Barricada).

Quiero dar las gracias a aquellas personas y movimientos que en el día a día y desde hace unos años están incorporando en la memoria histórica la historia de las mujeres, reponiendo su voz y su dolor, nombrándolas, rescatándolas del olvido, dignificándolas, y mostrándonos una realidad diversa, como diversas somos las mujeres y nuestras inquietudes, ahora, en la época de la república, durante la guerra y en la represión franquista. Ellas estuvieron presentes durante el parto, vigencia y defensa de la II República, apostando por transformaciones sociales y derechos que jamás hubieran soñado y que muchos de sus compañeros de ideales no defendieron con mucho entusiasmo cuando no se opusieron abiertamente.

Significó una transformación pública (se puede elegir y no se acepta el linaje por sangre. Reforma agraria, obrera…) y privada, en las vidas de los hombres y de las mujeres. Más en éstas, si tenemos en cuenta que la opresión y la desigualdad eran tan evidentes que el porcentaje de mujeres analfabetas rozaba el 70%. La mujer era considerada un ser dependiente, sin capacidad de autonomía y necesitada de protección por el varón, especialmente las casadas.

La Constitución de l931 las convierte en ciudadanas en lo civil y lo político. Se consigue, por fin, el derecho al voto, sistemáticamente negado desde la constitución de Cádiz, en 1812. Gracias a la inmensa, intensa y extraordinaria labor de Clara Campoamor, que en una cámara compuesta por 470 personas diputadas y sólo tres mujeres, consiguió con 161 votos a favor que las mujeres adquiriésemos el derecho de ciudadanía. Ella pagó brutamente el ser fiel a sus convicciones. Las demás logramos algo fundamental, el de ser reconocidas como sujetas de derecho. Esa Constitución y el periodo republicano trajeron más cosas consigo: acceso a empleos y cargos públicos por mérito y capacidad. Las 8 horas laborales, vacaciones, descanso semanal, aunque las mujeres seguían cobrando el 50% menos de salario. El matrimonio civil, el divorcio sin necesidad de causas, la igualdad de hijos e hijas ilegítimas. Mejoras para atención a la infancia. La reclamación de paternidad. En Cataluña, el derecho al aborto. Se hablaba y practicaba el amor libre en algunos espacios. La homosexualidad y el lesbianismo no producían mayores escándalos. El acceso a la educación y la cultura, dentro de la escuela pública y laica. Las mujeres rompieron con el analfabetismo. El cuerpo de Maestras fue importantísimo. Entraron a estudiar en lugares impensables, como arquitectas. La posibilidad de participar en asociaciones de todas las tendencias (mujeres libres, comunistas, socialistas, emakumes ama, la sección femenina) y en partidos, aunque su representación era escasa y más en puestos de dirección. En el Gobierno, con la primera mujer ministra, Federica Montseny. En las calles con movimientos de mujeres por el pan y por derechos propios. Como mitineras e ideólogas de ese nuevo futuro.

Las mujeres siguieron estando presentes también durante la Guerra Civil. Como milicianas, aunque tenían que demostrar doblemente su valía. En la retaguardia de forma obligada por un decreto de octubre del 36. En el cuidado y mantenimiento de la vida, como cabezas de familia, en las fábricas y en el campo, en tareas de información y reconstrucción… Detenidas, violadas. En las cárceles, maltratadas doblemente, por su calidad de presas y de mujeres. En el exilio, realizando tareas de espionaje, de cuidado y mantenimiento de la resistencia, como ideólogas. Durante la represión franquista, asesinadas, nuevamente violadas y abusadas sexualmente, encarceladas, denigradas como mujeres rapándoles el pelo y haciéndoles tomar aceite de ricino para posteriormente pasearlas por los pueblos y ciudades. Robándoles a sus hijos e hijas, negándoles medios de subsistencia para ellas y sus familias. Obligadas como viudas a resistir en la miseria. Y sobre todo intentando doblegarlas para que se olvidaran de la libertad y la igualdad entre los sexos, relegándolas a la casa, bajo la bota del dominio masculino, negándoles el espacio público y político durante casi 40 años. Y en todo este proceso, se quedaron sin nombres, como anónimas.

Pero nosotras, sus hijas y nietas, conscientes de la deuda historia con todas ellas, nos apuntamos al movimiento por la recuperación de la memoria histórica, para que dejen de estar en el silencio. Lo que no se nombra no existe y ellas existieron mirando hacia un futuro en el que un día se viera la palabra igualdad. Y siguen en nuestro camino por hacer real la igualdad formal.

Fuente: http://www.diariodenoticias.es

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