Carta a doña Esperanza

Pilar Rahola
Estimada Esperanza. Sabes que siempre te he tenido respeto, incluso cuando las divergencias nos han confrontado. Te confesaré que, en mis tiempos de diputada, fuiste una de mis pesadillas, precisamente porque eras una magnífica adversaria. Te has forjado a ti misma en un territorio poco ducho al elogio femenino, y tu personalidad es sólida, por mucho que sea polémica. Admiro a las personas brillantes, y creo que lo eres. Y respeto a las personas con convicciones, y creo que las tienes. Que no comparta muchas de tus ideas no significa que no te considere una líder política. Pero de vez en cuando, querida presidenta, emulas a Valle-Inclán y te pones “estupenda”, y en esos casos o aciertas con fina puntería o yerras el tiro como si fueras un burdo aprendiz de brujo. Lo que acaba de pasar, por ejemplo, con Sánchez Dragó. Permíteme una confesión: no pensaba hablar de él, porque alguien que dice gustar del sexo con niñas, a las que llama “zorritas” y de las que añade “las muy putas se pusieron a turnarse”, ya no forma parte de mi planeta moral. Lo último que haré será promocionarle un pésimo libro. Pero tú me has complicado la voluntad, porque tu defensa de Dragó pone sobre la mesa cuestiones de fondo. Por ejemplo, la contradicción.

¿No eras tú quien pedía la cabeza del Gran Wyoming por haber hecho humor grueso con Hermann Tertsch? Es decir, para que lo entienda. En aquel caso pedías la cabeza del humorista de una televisión privada, porque había molestado a un escritor de tu preferencia. Y ahora defiendes a un escritor en tu televisión pública porque consideras que alabar el sexo con niñas de 13 años, asegurar que lo ha practicado, jactarse de que son “zorritas”, vanagloriarse de que lo explica porque ya ha prescrito el delito y alabar la erótica sexual de sus cuerpos es una pura cuestión literaria. “No hay nada como la piel tersa, los pechitos como capullos, el choch… rosáceo”, asegura en primera persona en un libro que no es ficción y que resulta una alegre confesión pública. ¿Y eso te parece literatura? Pues de ahí a un panfleto de pederastia va el pelo de una cebolla. ¡Que el tipo no ha escrito Lolita! ¡Que no hablamos de Nabokov! Hablamos de la verborrea incontinente de un viejo verde que, según él mismo, se excita con niñas. Y eso tiene tanto de literatura como lo que puedes encontrar en algunas páginas web al uso de tal tipo de gustos. Entre la ficción y la no ficción está la diferencia entre la literatura y la inmoralidad. Y Dragó no ha hecho literatura. Ha hecho apología de la inmoralidad. Que forme parte de los que te aplauden con las orejas no le quita culpa, sólo añade demérito a tu insultante apoyo. Nada, que no se aguanta, querida. Que defender a un tipo que ama a las niñas y después ir a ver al Papa no es de recibo ni para ti, que eres la campeona de los equilibrios más sorprendentes. Saludos.

Fuente: http://www.lavanguardia.es

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