Aung San Suu Kyi recupera la libertad

La activista opositora y premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, se encuentra ya en libertad, tras recibir de la Junta Militar la orden que pone fin a su arresto domiciliario. Nada más recibir la noticia de su liberación, Suu Kyi ha salido de su casa en Rangún para saludar a las miles de personas concentradas a las puertas.

En su primera intervención pública, la líder de la Liga Nacional para la Democracia (NDL) ha hecho un llamamiento a la “unidad”. “Hay un momento para estar tranquilos y hay un momento para hablar. La gente debe trabajar al unísono. Sólo así conseguiremos nuestro objetivo”, declaró a sus simpatizantes antes de regresar a su casa en Rangún, donde ha permanecido enclaustrada 15 de los últimos 21 años, para mantener una reunión con sus abogados y con altos cargos de la NDL.

La duda radicaba en si esta liberación estaba sometida a algún tipo de condicionante impuesto por la Junta Militar que gobierna Birmania desde hace décadas. Sin embargo, fuentes oficiales han asegurado en declaraciones bajo condición de anonimato que no está sujeta a condición alguna y que Suu Kyi gozará de completa libertad de movimiento, así como de ejercer su derecho a reintegrarse en la vida política. “Es completamente libre”, aseguró la fuente en declaraciones a la cadena británica Sky News.

Suu Kyi, hija de Aung San –el héroe nacional principal artífice de la independencia de Reino Unido en 1947, quien murió asesinado–, ha sufrido intermitentes arrestos domiciliarios desde 1990, cuando los militares anularon las elecciones en las que la NDL obtuvo una victoria abrumadora. Desde entonces y hasta el pasado 7 de noviembre no se habían vuelto a celebrar elecciones en el país.

La Nobel de la Paz no tiene intención de desaprovechar la oportunidad que le brinda la dictadura y ya ha programado actividades políticas para mañana domingo, cuando comparecerá en la sede de la NDL. El evento tendrá lugar a las doce del mediodía –las 6.00 de la mañana en la España peninsular–, según anunció la propia Aung San Suu Kyi en la segunda comparecencia del día ante el grupo concentrado a las puertas de su domicilio en Rangún.

“Hace mucho que no nos vemos y hay muchas cosas de las que hablar. Si queréis escuchar, por favor, acudid a mañana a la sede del NLD”, declaró en un tono “jovial y alegre”, según recoge el diario de exiliados birmanos ‘Irrawaddy’, con sede en Tailandia.

SATISFACCIÓN INTERNACIONAL

Aung San Suu Kyi era una de las pocas figuras que conseguía reunir en torno a su postura a la gran mayoría de la comunidad internacional, y hoy se ha demostrado sobradamente. A la cabeza de las felicitaciones se encontraba el presidente estadounidense, Barack Obama, quien no dudó en calificar a Suu Kyi de “heroína personal”. “Es una fuente de inspiración para todos aquellos que buscan el avance de los Derechos Humanos básicos en Birmania y en todo el mundo. Estados Unidos da la bienvenida a su liberación, que tenía que haber sucedido mucho antes”, declaró Obama en un comunicado.

De igual modo se expresó el primer ministro británico, David Cameron, para quien la activista es “una inspiración para todos los que creemos en la libertad de expresión, la democracia y los Derechos Humanos”. Su detención no fue más que “una farsa, diseñada únicamente para silenciar la voz del pueblo birmano”, añadió.

El Gobierno español, por su parte, ha manifestó su satisfacción por la liberación de la opositora. “España acoge con satisfacción la noticia de la puesta en libertad de la dirigente de la oposición democrática birmana y Premio Nobel de la Paz, señora Aung San Suu Kyi, que hemos venido reclamando reiteradamente”, señala la declaración oficial.

En el comunicado, el Gobierno muestra su esperanza de que esta liberación sea “incondicional y sin restricciones” y que signifique un primer paso para la “puesta en libertad de los demás presos políticos”.

Sin embargo, desde organizaciones como Human Rights Watch advierten de que la liberación de Suu Kyi es una “treta” para desviar la atención de las polémicas elecciones del pasado 7 de noviembre.

“Aung San Suu Kyi nunca debería haber estado encarcelada, en primer lugar. Su liberación es una treta profundamente cínica del gobierno militar para distraer a la comunidad internacional de sus elecciones ilegítimas”, afirmó la subdirectora para Asia de HRW, Elaine Pearson. En los comicios, denunciados por irregularidades, los únicos con posibilidades de victoria eran los partidos afines al régimen.

ICONO DE LA LUCHA POR LA DEMOCRACIA

Suu Kyi nació el 19 de junio de 1945 (65 años de edad) en Rangún, durante un entorno íntimamente entrelazado con la historia política del país tras la Segunda Guerra Mundial y el período de descolonización que seguiría al conflicto: su padre, Aung San, fue el fundador del Partido Comunista Birmano y parte esencial en la independencia del país respecto de Reino Unido. Fue asesinado seis meses antes de la declaración oficial de autodeterminación en 1948 por paramilitares afines al ex primer ministro colonialista U Saw, posteriormente ejecutado.

La muerte de su padre dejó a Suu Kyi, la menor de tres hermanos, en manos de su madre, Khin Kyi, quien ascendió de manera fulgurante en la política birmana hasta su nombramiento en 1960 como embajadora de Birmania en India y Nepal, una designación que a la postre sería esencial en la formación de la activista de oposición, quien crecería enormemente influida por las enseñanzas del Mahatma Gandhi.

Aung San Suu Kyi culminó cuatro años después su educación en la universidad británica de Oxford, donde estudió filosofía, política y economía. Fue allí donde a la postre donde conoció a su futuro marido el doctor especialista en estudios sobre el Tibet y el Himalaya Richard Aris, con quien contrajo matrimonio el día de Año Nuevo de 1972.

Durante los siguientes 16 años de su vida, Aung San Suu Kyi residió temporalmente en Japón y el reino centroasiático de Bután antes de regresar a Reino Unido para cuidar de sus dos hijos varones, Alexander y Kim.

Suu Kyi regresó finalmente a Birmania en 1988, inicialmente para cuidar a su madre, quien por aquella época languidecía, pero pronto se vio envuelta en el convulso ambiente político del país iniciado por la decisión del durante largo tiempo dictador golpista, general Ne Win, de abandonar el poder tras haber conducido el país casi a la ruina económica.

La activista emerge como símbolo nacional tras las manifestaciones estudiantiles del 8 de agosto (el conocido como ‘Levantamiento del 8888’). El 5 de febrero de 1989, Aung San Suu Kyi adquiere estatus de leyenda viva tras caminar directamente hacia un grupo de soldados que intentaban reprimir una manifestación pacífica en el delta del Irrawaddy. Dos meses después, es puesta por primera vez bajo arresto domiciliario.

Su peso en la política, no obstante, se ve coartado por la Junta Militar, que ignoró la victoria aplastante de su partido, la Liga Nacional para la Democracia (NLD), en las elecciones parlamentarias de 1990. La concesión del premio Nobel de la Paz 1991 como “ejemplo extraordinario del poder de los indefensos”, en palabras del entonces presidente del comité Nobel, Francis Sejested, da fe de su relevancia internacional a la hora de dar a conocer la situación en Birmania.

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