Un gobierno cobarde y una mujer valiente


Yo propondría que en el Ministerio de Asuntos Exteriores y en el Consejo de Gobierno se les hiciera ver este vídeo. La voz de esta mujer canaria valiente que no tiene pelos en la lengua y con fuerza y sin miedo es capaz de soltar un discurso de cuatro minutos, que harían, si la tuvieran, morirse de vergüenza a los responsables del gobierno español.


Cuidado con el título, nadie se vaya a creer que cuando hablo de mujer valiente lo hago de Trinidad Jiménez, ministra de un gobierno claudicante, que posee la ambigüedad necesaria y calculada para no atreverse a criticar al gobierno marroquí. Ministra de un gobierno que lo más que hace ante una masacre como la cometida por el reino alauita es “no estar de acuerdo”, “rechazar”, pero en ningún caso condenar y mucho menos tomar medidas. Y todo esto con decenas de desaparecidos y varios muertos, entre los que se encuentra un español.

Mientras, Marruecos sigue achuchando, desde sus altas instancias, y aquí se achantan y callan. El ministro de Comunicación marroquí se despacha a gusto contra los medios de comunicación españoles y les acusa de: “actitud irresponsable” o de “recurrir sistemáticamente a procedimientos falaces, técnicas innobles, manipulaciones abyectas y montajes inmundos” y de seguir “una auténtica deriva odiosa y racista”. Y como respuesta aquí: a tragar se ha dicho.

La censura impuesta por Marruecos les define. Y más si pensamos que lo están imponiendo sobre un territorio que según la ONU no es suyo. Hoy, otra vez hemos de recordar a nuestro admirado Berlanga, en el día de su entierro, porque la censura española, ya en el año 69 (con el ínclito Fraga de jefe de censores) calificó así su obra:

“Consideramos la filmografía de Luis G. Berlanga como altamente inadecuada para su exhibición en cines españoles. Su falta de patriotismo es alarmante y rebosa comunismo, masonería y libertinaje, todos impropios de esta regia nación, una, grande, libre, católica, apostólica y romana”.

Salvando el paso del tiempo y el filtro de la “diplomacia” por ir dirigido a otro país, no me dirán ustedes que los gobiernos sátrapas y dictatoriales –el marroquí actual y el franquista–, no tienen algo en común: les encanta la censura.

Y a nuestro gobierno hay que decirle que no se puede ser indecentes. Ha de saber que la indecencia no es la madre de la ciencia, sino del cinismo, y que anteponer intereses comerciales o políticos a los derechos humanos puede llevar al sendero del todo vale.

A estos cagaos hay que recordarle que no se trata de ir a la guerra. Que se trata de presionar, no sólo puede hacerlo Marruecos, y desde luego hay que decirle a este reino totalitario que ante una situación tensa, ellos también tienen mucho que perder. La otra posición para que no se nos enfaden los alauitas, es terminar rindiéndonos.

 

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