Mucho más que un partido de baloncesto

El 2 de octubre el madrileño Polideportivo Magariños acogió el primer partido internacional de la selección femenina palestina de baloncesto. Ibdaa Center, “crear algo de la nada”

“La normalidad de algo tan sencillo como un partido amistoso es para Palestina un acto de resistencia. Es decirle al mundo que Palestina es un pueblo con su propia identidad a pesar de la ocupación que la desgarra desde hace décadas”. Así comentaba Leila Nachawati Rego en su blog la visita del equipo palestino a Madrid. Cerca de 800 personas se juntaron para ver de cerca a un combinado de jugadoras en un partido con un significado muy especial. Lo comentaba Fouad Radi, miembro de la Federación Palestina de Baloncesto, antes de iniciarse el encuentro: “Es la primera vez que un equipo femenino palestino juega en Europa, desde que se formó la federación hace 40 años”, y añadió “el baloncesto sirve para luchar por la paz”.

Las gradas del mítico pabellón del Ramiro de Maeztu estaban llenas de familias palestinas que habían acudido a animar a sus representantes, para ver de cerca a un grupo de jugadoras que por encima de bloqueos, check points y situaciones cotidianas extremadamente difíciles habían logrado, a través del baloncesto, reivindicar la lucha de un pueblo y su situación diaria.

Tamara Awartani, la única jugadora palestina con algo de experiencia profesional, lo comentaba después del encuentro, “venir aquí es muy importante para nosotras. En Palestina apenas podemos jugar, y venir representando a nuestro país, significa una forma de reconocer el esfuerzo de un grupo de mujeres por encima de muchas dificultades”, y añadía: “Ahora lo que nos gustaría es poder invertir en la formación de los más jóvenes, en construir un futuro para nuestra gente, y que el deporte sea la imagen de una sociedad que ha vivido demasiados años sometida al terror y el sufrimiento de la ocupación israelí”.

En lo deportivo, el partido no tuvo mucha historia. El nivel del equipo de Liga Femenina 2 de Estudiantes era mucho más alto que el del combinado palestino. Muchas más horas de entrenamiento y de preparación, muchos más recursos técnicos y tácticos. Pero el espíritu del encuentro tenía poco que ver con un partido de competición, al contrario, el ambiente que se transmitía en la cancha y en la grada era el de una emoción colectiva por estar allí viendo a un grupo de jugadoras representar a un pueblo, sus luchas, y su dignidad. El día antes el propio entrenador, Nader Alayan, había comentado que no tenían miedo a la derrota, que para ellas la victoria era poder estar allí, jugado al baloncesto con las camisetas de su país.

La delegación palestina además aprovechó el viaje para dar charlas, organizadas por Acercándonos, la ONG del Ins- tituto Ramiro de Maeztu sobre la situación en los territorios ocupados por Israel, y realizar diversas actividades durante su visita a Madrid. Una forma de poner en contacto a la sociedad civil y desmontar tabúes y tópicos sobre la situación de la mujer en Palestina.

Cisjordania y el Ibdaa Center

El partido del 2 de octubre fue la segunda parte de un proyecto que surgió antes del verano, a petición del Comité Olímpico Palestino. Con la participación del Consejo Superior de Deportes, se estableció un acuerdo de colaboración entre las dos entidades, y se decidió que a través de la Fundación Estudiantes se establecería una visita a Cisjordania de un equipo de baloncesto, y una segunda vuelta que se disputaría en Madrid.

Para el viaje a Cisjordania se decidió que el equipo que acudiría sería el sub 21 masculino. Un grupo de jugadores que a su vez son entrenadores en la cantera del Club Estudiantes, y que podían así implementar su presencia en los territorios palestinos con talleres de formación y actividades relacionadas con el baloncesto. A la vez, el equipo inauguraba un nuevo pabellón construido en la ciudad de Hebrón, una de las más castigadas durante el conflicto. El impacto de esta visita, el primer partido internacional celebrado en Palestina, fue notable. El 30 de julio y ante 4.000 espectadores se inauguraba la recién construida sala de deportes con el partido del Estudiantes sub 21 y el campeón de la liga palestina, el equipo del Ibdaa Center del campo de refugiados de Dheihseh. Allí la victoria fue para el equipo palestino, pero como ocurrió en Madrid con la selección femenina, el resultado fue lo de menos.

Crear algo de la nada

Dheihseh es un campo cercano a Belén. Construido tras los primeros desplazamientos de refugiados de 1948, ha aumentado progresivamente su población hasta llegar a tener cerca de 12.000 personas que viven en poco más de un kilómetro cuadrado. En 1994, dos amigos decidieron levantar un proyecto cuyo nombre significa “crear algo de la nada” (ver DIAGONAL nº 47). Hacer deporte en Palestina tiene un enorme mérito, toda vez que las condiciones que impone la ocupación israelí hacen muy complicado el desplazamiento de jugadores y aficionados, y la precariedad de medios y formación es absoluta.

La idea que se ha puesto en marcha tras estos dos partidos es la de seguir ampliando los contactos, para que esta experiencia no sea algo puntual, sino que tenga mayor proyección en el futuro. Lo comentaba Tamara Awartani, en una entrevista con el periodista Mariano Galindo: “Ha sido increíble. Sólo puedo dar las gracias al Estudiantes y a toda la gente que se ha implicado para que esta experiencia fuese real. Espero que sea el primer paso y que esto no se quede aquí. Awartani cree que el intercambio “debe seguir, no sólo por el baloncesto, sino por todo. Gracias a todos por enseñar que Palestina es algo más que gente que tira piedras”.

Boicot a Israel durante el Real Madrid-Estudiantes
Nada más aterrizar en Madrid, las jugadoras de la selección palestina acudieron al partido que enfrentaba al Estudiantes frente al Real Madrid. Allí, activistas de la campaña por el boicot a Israel repartieron cerca de mil panfletos explicando los motivos de la iniciativa. A su vez la Demencia, la afición del equipo colegial, cubrió en un descanso el fondo del Palacio de los Deportes con una enorme bandera de Palestina, y otra con la leyenda Palestina Resiste. La campaña de boicot hace especial hincapié en las actividades culturales y deportivas vinculadas al Estado de Israel, en la misma línea que la que se realizó en los ‘80 contra el apartheid y el gobierno segregacionista de Sudáfrica. “Nos dirigimos al mundo cultural [y deportivo] para instarle a no participar en festivales que se realicen en Israel, mientras este Estado no asuma los compromisos con el derecho internacional”, y añaden: “Pedimos a las federaciones deportivas del Estado español el veto a las delegaciones que en nombre de Israel participan en eventos deportivos”.

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