Muere la “peque” de las 13 rosas

Hasta el último momento de su vida, Mari Carmen Cuesta llevó con orgullo el espíritu de lucha contra la injusticia social que le hizo afiliarse a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) con apenas 15 años. Con 87, aquejada de alzhéimer, murió el pasado sábado en Valencia, adonde fue desterrada por un tribunal franquista en 1946.

“En sus últimos escritos, de hace apenas tres años, mi madre manifestó su dolor por la generosidad que les faltaba a los políticos actuales. Para ella, que luchó desde su juventud contra el franquismo, era muy doloroso comprobar la hostilidad que despertaba el reconocimiento a su labor”, reflexionó ayer a Público Tina Guillem Cuesta, su hija.

Mari Carmen fue una histórica militante comunista, aunque retiró su afiliación al PCE desde que Santiago Carrillo dejó en 1982 su cargo de secretario general. “Perteneció al sector oeste de las JSU”, define el autor de Trece rosas rojas (Temas de hoy), Carlos Fonseca. “Cayó en una de las redadas de la posguerra, con apenas 16 años, en 1939. Era muy amiga de Virtudes González, una del grupo de las 13 rosas. Al ser la menor del grupo, era conocida como peque“, describe el autor del libro que popularizó los fusilamientos de las jóvenes junto con su versión cinematográfica.

El fusilamiento de 13 jóvenes mujeres en el Madrid de las posguerra, con fusilamientos diarios, no tuvo ninguna relevancia pública, pero dentro de las cárceles, especialmente en las de mujeres como la de Ventas, se convirtió en un símbolo que pervivió frente al olvido. “Sus ideas y su lucha están hoy más vigentes que nunca en Madrid, en España y en el mundo. Su memoria ya no volverá a ser borrada”, señaló ayer el presidente de la Fundación Trece Rosas, José Cepeda.
Revolución de Asturias

“Mi madre me contó un millón de veces que el origen de su compromiso, su primera toma de conciencia, estaba en que presenció la terrible represión de los mineros en la revolución de Asturias de 1934”, rememora Tina. “Su madre era asturiana, de Langreo, y la imagen de la policía en los pozos de los mineros siempre la conmovió”, añade.

Pese a su deterioro en los últimos años, Mari Carmen Cuesta vivió con intensidad el movimiento en favor de la recuperación de la memoria histórica de la última década. “Siempre pensó que la democracia tenía una deuda pendiente con su generación, que sufrió cárcel y persecución. Sin embargo, no estaba de acuerdo con las compensaciones que la Ley de la Memoria Histórica estableció para casos como el suyo. Pese a que estaba a favor de contar la historia tal y como fue, nunca pidió la declaración de reparación que ofrece el Gobierno. Decía, explica su hija, que ella nunca había perdido su dignidad”.

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